VALVERDE DE LA VERA


 LOS EMPALAOS DE SEMANA SANTA
 

             A partir de la media noche del Jueves Santo, se puede oír por las calles de Valverde de la Vera el sonido de unas vilortas,
es un Empalao, que se dispone a realizar su vía crucis motivado por una promesa o "manda" hecha ante Dios.
             El empalao camina descalzo, sobre sus hombros lleva un timón de arado sujeto por una soga de esparto que le envuelve
torso y brazos desnudos. Lleva además una enagua blanca que le cubre de cintura para abajo, de la mitad de sus brazos penden
un par de vilortas, con tres aros cada una, y una toga, símbolo del Crucificado. Cubre su rostro un velo blanco que sujeta con
una corona de espinas, sobresaliendo por encima de la cabeza dos espadas cruzadas.
             En todo momento va acompañado por el Cirineo, que se oculta bajo una manta y le alumbra el paso con un farolillo.


          El Rito del Empalao se viene celebrando desde tiempo inmemorial en la noche del Jueves Santo.

             El Empalao se prepara en la casa familiar. Es un ritual que invita al silencio, dado el sacrificio y la devoción que ponen los valverdanos en esta tradición.

             La procesión de cada Empalao camina en silencio. Tras él, el grupo familiar cubiertos con mantas oscuras, uno de ellos porta un farol encendido,
el Cirineo. En cada estación del Vía Crucis, el Empalao y sus acompañantes se arrodillan y oran en silencio. Cuando se cruza con otro
Empalao o con un Nazareno se arrodillan ambos.

              Terminado el Vía Crucis de las 14 estaciones, el séquito regresa a casa. Allí, el Empalao se desviste y se desoga, finalmente se le fricciona el
cuerpo para recuperar la buena circulación de la sangre.

Son las cuatro de la madrugada; ya se ha ido toda la gente.
Las farolas parecen cansadas de iluminar tanta curiosidad.
La calle Real está vacía, pero... el ahogo de la noche despierta
con el sonido ancestral de unas vilortas a lo lejos.
¡ Quédate quieto ! ( en un susurro ) ¡dejémosle pasar !.
Va acompañado de su familia. Detrás va alumbrando
con un farolillo un Cirineo, pero el que sigue los pasos es
un Nazareno con una pesada cruz.
Ya han pasado. Vuelve el silencio.
Pero en el aire flota el olor a penitencia, a gozo de lo cometido,
a dulce llaga de una soga...
pero sobre todo a respeto por una tradición.


Interpretación

El Rito de los Empalaos es diferente al de los Disciplinantes, que en Valverde tuvo Cofradía con estatutos propios.
Éste fue un rito comunitario; aquel fue siempre individual. Los disciplinantes tuvieron sus ordenanzas; los Empalaos,
aunque sometidos a unas normas tácitas comunes, se dejó a la iniciativa privada. Ambos ritos coexistieron en Valverde, aunque no
se interfirieron ni se entremezclaron.

Entre los elementos cristianos del Rito pueden citarse: el celebrarse en Semana Santa y el Vía Crucis. Y en este contexto de la pasión
de Cristo no es extraño que al atuendo del Empalao se le añadiese la "toga" colgante de los brazos.
Todos estos elementos debieron incorporarse en la Baja Edad Media, en época posterior a la Peste Negra (a. 1348-50).
Así, en el siglo XIV o a más tardar en el XV, el Rito debió quedar estabilizado hasta nuestros días, quedando cristianizado.
 

Pero en el meollo del Rito hay una doble característica que merece destacarse. En primer lugar el aspecto oferente: la manda (o voto),
que es personal, voluntario y libre, que tiene un sentido expiatorio de reemplazo por un mal evitado. Este parece ser el núcleo medular del Rito.
Pero también se advierte en el Rito un contexto guerrero, aunque ha pasado a un segundo plano y queda enmascarado por otros aspectos.
Tanto el aspecto oferente como el militar parecen las dos características más definidas del Rito.

Pero si está claro el sentido de ofrenda personal, el contexto guerrero es confuso: ¿Qué pueden significar esas espadas alzadas?
Las espadas alzadas son un signo de victoria, no de derrota ni de luto. En el mismo sentido podría interpretarse la corona de flores
sobre la cabeza del Empalao: trofeo o premio por alguna acción. Pero tal y como está el rito, todos estos elementos (ofrenda personal,
contexto militar, premio) parecen contrapuestos y de significado confuso. Así, cabe la duda de si en el transcurso de los siglos pudo
haber algún cambio en el Rito, al cambiar el contexto en que nació. Todo ello, desde luego, mucho antes de que el Rito quedara cristianizado.
 

 Partiendo de la ofrenda personal como núcleo medular del Rito, podrían establecerse dos hipótesis:

a) Un sacrificio sustitutivo por verse libre de un mal.

b) Un sacrificio o prueba que demostraba la idoneidad del individuo para la vida adulta.
La hipótesis primera está más de acuerdo con el Rito actual, pero no parece posible explicar el porqué y el cómo del contenido guerrero.

La segunda hipótesis parece más antigua y más coherente con el contexto militar. La interpretación del Rito original sería esta:
en un pueblo guerrero, los jóvenes se ofrecían a realizar una prueba o pruebas que demostraran su idoneidad para ser admitidos
a la vida adulta. Como premio recibirían la corona de espinas y las armas (espadas). En esta hipótesis, la llamada "enagua"
no sería otra cosa que la túnica corta propia de los guerreros. Éste sería el primer momento del Rito, antes de la romanización.
 

En un segundo momento, pasados ya varios siglos y en el contexto de un pueblo agrícola, el Rito evolucionaría; continuaba el sentido
de ofrenda personal, pero el sacrificio ya no era una prueba de admisión sino un sacrificio sustitutorio. El premio era el haber
sido librado de un mal o una calamidad. Con ello se habrían invertido los términos PRUEBA=PREMIO por PREMIO=PRUEBA.
Sería una evolución semejante a lo ocurrido con el rito del sacramento de la penitencia cristiana (Confesión-Penitencia-Absolución-Confesión,
Absolución con Penitencia "in voto"). Esta modificación o evolución del rito ya en un contexto agrícola, explica la presencia en el Rito
de elementos agrícolas (el timón de arado y las vilortas). Ellos son signos de un contexto agrícola, [tras la romanización del pueblo] de un pueblo
que había dejado de ser guerrero. Hay otros aspectos y matices del Rito que merecen también su propio análisis: el rito es nocturno,
sin horario preestablecido, lo que revela cierto arcano o secreto y coincide con el plenilunio de primavera (Pascua); el Empalao va
acompañado por su familia o clan familiar. Todos estos datos inducen a considerar el rito como nacido en un pueblo de raíz celta,
cuyos ritos, reuniones y decisiones tenían lugar coincidiendo con la luna y sus fases, y cuyos lazos de parentela eran muy sólidos y decisorios,
aparte del sentido del misterio o arcano.


Cronología

Primer momento: En un pueblo guerrero, de raíz celta, se celebra el Rito de iniciación de los jóvenes que van a demostrar su aptitud mediante
pruebas de resistencia, coincidiendo con el plenilunio de primavera (luna llena). El clan familiar era testigo de la prueba. Los que superaban
la prueba recibían como premio la corona de flores y las armas, con lo que quedaban incorporados a la vida de los adultos.(Estas pruebas
recuerdan otras semejantes en pueblos guerreros como el de Esparta, donde los jóvenes eran sometidos a pruebas de iniciación ("criptia").
(s.IV ? a.C. - s.l a.C.)

Segundo momento: El pueblo guerrero se ha convertido, por la romanización, en un pueblo agrícola. Fiel a sus costumbres y tradiciones,
su Rito de empalarse continúa pero no para recibir un premio sino en acción de gracias a un dios de tutela que le ha librado de un mal. El rito
ha evolucionado como ha evolucionado la vida del pueblo, pero permanece inalterable el núcleo del Rito: la ofrenda personal.
(s.l - s.XI ?).
 

Tercer momento: El pueblo se ha cristianizado en época muy tardía, al llegar la Reconquista castellana en la Edad Media.
Conforme a una vieja tradición de asimilación de todo aquello no radicalmente opuesto al cristianismo, el Rito-prueba es incorporado
a la celebración pasional de Semana Santa, pero manteniendo su aire un tanto misterioso. Este proceso de asimilación debió ocurrir
con ocasión de aquella gran calamidad europea que se llamó la Peste Negra (a. 1348-50) más o menos simultáneamente cuando
aparecieron las cofradías de disciplinantes por toda Europa. En el siglo XIV el rito se estabilizó hasta nuestros días.

Cuarto momento: Todavía cabe señalar otro momento del rito, ya en nuestros días al producirse el boom turístico español y
convertirse el Rito de los Empalaos en "Fiesta de Interés Turístico (l980)". El Rito se convierte en espectáculo, con gran concurrencia
y asistencia de espectadores foráneos, por motivos muy ajenos a la misma esencia de la celebración (curiosidad, turismo,
superficialidad, hastío .... ). Este nuevo elemento es enormemente perturbador [y modificador] de gran parte de la esencia del Rito y
puede hacerle perder su propia identidad.


Consideraciones
El Rito tiene estas características:

1) Exclusivo de varones.
2) Celebración individual con participación familiar.
3) Motivado por una "manda" o voto.
4) A una hora imprevista, a discreción del Empalao.
5) Cierto anonimato del empalao, cuyo rostro va velado.
Mirado el Rito en su conjunto, se perciben en él elementos heterogéneos que revelan procedencias muy diversas, que hacen del Rito
algo híbrido, por lo que puede ser calificado de "RITO EQUÍVOCO", siguiendo a J. Caro Baroja. Es, pues, un Rito cristianizado, pero nacido
en un contexto extra-cristiano, del que perviven algunos rasgos en el rito actual. Como en casos semejantes no existen documentos que
traten de los principios del Rito de los Empalaos de Valverde, por lo que ha de interpretarse el rito por medios extradocumentales.

Sobre el Rito quedan numerosos interrogantes puesto que sobre temas etnográficos, el análisis antropológico se mueve siempre en
una línea de aproximación, no de certeza.
 

El pueblo guerrero de raíz celta al que perteneció este Rito podría ser [es posiblemente] el pueblo vetón, que habitó estas tierras y que muy pronto
asimiló la romanización, hasta el punto que fue uno de los primeros aliados de los romanos en su conquista de Hispania, y del que no se conocen
pueblos destruidos por los invasores.

El Rito está relacionado con la divinidad y tiene un marcado sentido religioso, no sólo hoy sino en sus orígenes [ Incluso en la
hipótesis que he formulado de que el rito fuera un rito de iniciación], puesto que todo es religioso en los pueblos primitivos.
Considerando que se trata de un pueblo guerrero y un rito de iniciación a la vida militar, cuya actividad suponía el mayor honor
en este pueblo, hay que considerar que la divinidad era una divinidad de carácter guerrero, un dios de tutela. Aunque sobre el
pueblo vetón quedan numerosos interrogantes, entre ellos su vida religiosa, algunas conclusiones se van abriendo camino.
En comarcas próximas a la de Valverde se han hallado inscripciones votivas al dios Toga o Togotes. Así ha ocurrido en
las proximidades de Navalmoral de la Mata y en Talavera de la Reina, en una de ellas se expresa el agradecimiento por una victoria.


Leyenda

No es un Santo ni un Héroe, ni un Anacoreta. No es un fantasma, ni un fanático, ni un facineroso. No busca el aplauso,
porque pasa desconocido. No quiere un espectáculo, porque marcha solo. No es una fiesta, porque provoca lágrimas.
Simplemente es un "empalao". Y el empalao, en Valverde, es cualquiera. No tiene nombre, ni rostro, ni vestido. Le llamaremos
Pedro, pero eso no importa. A duras penas hemos podido recomponer esta historia, porque todo nos está vedado. Todo
es anónimo. Tenía un amor encarnado en una mujer de su mismo pueblo. Soñaban, se prometían. El hombre de campo, en
La Vera, ama y sueña con un estilo diferente, el estilo de la verdad, el de la exigencia. Ella, María, como las mujeres de
la tierra, era igual. Eran tan felices, tan jóvenes, que un día, porque aparecieron unas nubes en sus vidas, hicieron la promesa.
En Valverde la promesa ya se sabe cuál es : "empalarse". Y eso es algo sagrado, jamás se ha dejado de cumplir.
Sólo la muerte impide su cumplimiento.

Hay quien dice que algunos "empalamientos" de los hijos son deudas de los padres. Pero ellos, Pedro y María, se "desnoviaron"
antes, mucho antes, de la noche del Jueves Santo. Seguían caminos tan distintos.... Ya ni se dirigían la palabra y si alguna vez tenían
que mirarse en las tortuosas calles del pueblo, era más por odio que por otra cosa. El invierno era tan recio que el frío de la sierra
de Gredos había agostado todos los recuerdos. ¡Bueno! todos menos uno, porque cuando llegó la Semana Santa tuvieron que
encontrarse. La promesa, su promesa de dos, no podían romperla. Al no depender de ellos sino del cielo, estaban
obligados a cumplirla. Se había preparado todo los días anteriores, cada uno por su cuenta. Para evitar el encuentro en la casa
de cualquiera de ellos, aceptaron la de un amigo común. Es curioso que cualquier calle del pueblo es apta para convertirse
en "calle de amargura". Ella había llevado a la "casa de pasión" los faroles, el aceite, la mecha, un velo para el rostro y un
vestido que parecía negro o, por lo menos, oscuro. Zapatos, no; quería salir descalza. Él había preparado lo suyo: un timón
o palo de labranza, una soga de esparto, unas espadas o sables, las vilortas o cadenas gruesas de hierro necesarias para el arado,
látigos de azotar, enaguas de mujer, velos y trapos blancos... Todo estudiado, preparado como un ajuar de novios, no porque ellos
se sintieran urgidos por el noviazgo roto, no. Es que siempre se hace así, con la emoción de ser un acontecimiento único en la vida de las personas.

El Jueves Santo, al terminar los oficios de la iglesia, Pedro marchó a casa. No podía comer nada, ae sentía embargado por
emociones raras. La víspera de empalarse es muy dura, de angustia, como la de "Los Olivos". Muchos querrían que no
llegase ese momento. Pero un convencimiento profundo, una especial gracia, desde lo alto, te exige, te arrastra irremediablemente
al sacrificio, transforma sobrenaturalmente al campesino, al obrero, al hombre de letras, en estampas vivientes de la "Pasión del Señor".
Dios, desde la noche, convoca al penitente para entrar en la "casa de pasión" que ha elegido. Y desde ahora todo lo que suceda es
inaudito, sobrecogedor. Algo único en el mundo. Pedro, casi desnudo, "se azota las espaldas con cuerdas llenas de nudos, humedecidas
con sal y vinagre e impregnadas con vidrios molidos, con lo que se quedan las partes del cuerpo dichas, hechas todas una llaga".
Y en ese preciso momento de sangre y de dolor "se cubre su cuerpo con unas enaguas blancas de mujer" que, en seguida, se llenan
de sangre roja. Sangre que recibe la trágica venda de una soga de mordiente esparto que da vueltas alrededor del cuerpo cubriendo
pecho y espaldas con diez vueltas de cruel dolor. Después, la misma cuerda sujeta los brazos alrededor del timón o palo del arado.
Los cuerpos quedan entonces "empalaos". Nosotros diríamos casi "divinos", acordándonos de Cristo. Sólo los más íntimos pueden
presenciarlo. La colocación requiere una especial maestría, si queda muy floja la cuerda, su roce convertiría al cuerpo en una llaga
por el movimiento de los músculos, si no hay una holgura mínima, se podría conseguir la paralización de la sangre y la muerte llegaría segura.
Son momentos estremecedores, como los de una operación de quirófano, como preparación para un patíbulo, voluntario, pero un patíbulo.
Los suspiros entrecortados de los seres queridos ponen el patetismo que da sonoridad a la escena. Y para que la sensación sea más lacerante,
se colocan a los extremos de los brazos y del timón las cadenas de hierro o vilortas.

Al chocar entre sí producen un sonido cavernoso que aporta a la escena sensaciones de repique de difuntos. Y cuando parece que todo
está consumado, hace falta la proyección hacia el cielo, hacia Dios. Para ello, entre el palo del arado y las estrellas ensangrentadas se
colocó dos espadas de aguzado filo que, proyectándose hacia arriba, reverberan la blanca luz que reciben de las propias estrellas.
Y ya en la calle, al final, dejado caer el velo blanco sobre la cara dolorida, todo está en orden para comenzar el "Vía Crucis".
El anonimato de la penitencia es impresionante. A casi nadie le importa descubrir los nombres de la persona ni las razones por qué lo hace.
Cuando caminan la marcha es parsimoniosa, de estudiado equilibrio. Pocas cosas hay en la tierra que recuerden el paso de Jesús
por la empinada Vía Dolorosa como un Empalao de Valverde. El cuchicheo inevitable de los curiosos queda roto cuando se
oye la voz de alerta: "¡Que viene el Empalao!". Todos, más que ante un paso de Semana Santa, se callan, rezan y levantan los
ojos a Dios, porque contemplan con sus ojos vivos el caminar milenario de Cristo. Muchos son los que dicen: "así caminaba ÉL".
¿Y ella? El protagonismo siempre es de él, del "Empalao". María todavía no existe. Dos que parecen mujeres acompañan al penitente.
Tienen la obligación de seguirlo por el recorrido. Rezan por él para que no caiga, para que no sufra, para que siga adelante.
Hoy, aún cuando ninguno de los dos quiera, sin que nadie lo conozca, hay un drama entre dos corazones. Un drama de amor
dentro de la "Pasión de Cristo". Cuando tropieza, él se estremece, pero ella es la que tiembla. Tiende sus manos para detenerlo,
para sujetarlo. Debajo de su vestido negro y a la luz de su farol se va encendiendo otra luz menos amarga, que crece por momentos.
Son dos los penitentes que acompañan al Empalao con sendos faroles.

Pero uno, un farol, ilumina más. Ilumina la calle y más dentro aún el alma, el corazón. Nadie lo sabe, pero en aquel momento
se libran dos batallas, la de Dios y la del amor. Ese amor limpio, puro, inocente, en el que pueden coincidir muy pocos privilegiados.
Cuando terminó el camino, en el silencio de la casa oímos una voz tenue de moribundo :
- "María, ¿por qué me has abandonado?"
Y ella, mirando como pocas veces se puede mirar a un hombre, responde:
- "¡Pedro mío, a tus manos encomiendo mi espíritu!"
E inclinando las cabezas se funden en un abrazo, en un beso, porque en AQUELLA NOCHE TODO ESTA CONSUMADO.
Pedro y María (los nombres son fingidos, pero la historia verdadera), se casaron y fueron muy felices.

IN: "Páginas oficiales del Ayuntamiento de Valverde de la Vera  (Cáceres)"


Não me vou alongar sobre "Los Empalaos de Valverde de la Vera". As minhas palavras nunca poderiam fazer justiça
àquilo que eu não compreendo por ser um homem sem fé. Talvez por isso ande de terra em terra à procura do inesperado.
Mesmo que já tenha visto imagens de outros fotógrafos, eu quero ver com os meus olhos. Ser fotógrafo documental é isto:
sentir o local, ver, cheirar e ouvir aquilo que não cabe na área de uma fotografia. O trabalho, esse, é sempre incompleto.
Daí, estar sempre à procura do próximo local na vã esperança de completar o inacabado.

Sou um homem vazio de fé, o que não compreendo torna-se para mim obscuro e muitas vezes surrealista.
As minhas fotografias são quase sempre um espelho do meu vazio.

Mas o meu trabalho como fotógrafo não é questionar a crença nem a religião. O mais que posso fazer é fornecer elementos
para que terceiros o façam, caso assim o entendam. Mas cuidado, porque a realidade das minhas fotografias não representa o mundo,
quando muito é uma linguagem que precisa de ser traduzida.

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"Los Empalaos de Valverde de la Vera", são penitentes anónimos que no silêncio da madrugada de sexta-feira santa,
percorrem as ruas de Valverde. Homens descalços, com um saiote de linho branco carregam nos ombros um pau de arado
atado com cordas grossas serpenteando os braços até lhes morder e tolher o tronco. Nas extremidades dos braços penduram-lhes
três grossos elos de ferro, chamam-lhes "vilortas" e são idênticos aos que se usam para se puxar o arado. O tilintar severo do ferro é
o único som permitido na caminhada do "Empalao" na sua "Via Crucis". Por fim, um par de sabres cruzados é colocado nas costas e
na cabeça. Cobrindo o rosto é caído um véu de renda branco completado com uma coroa de espinhos. Assim se torna o "Empalao" anónimo.

Não é fácil, durante o dia de quinta-feira santa, encontrar alguém que nos indique se conhece algum "Empalao".
Fiz imensas perguntas, todas as pessoas deram respostas subversivas, todos respeitam os "Empalaos" e não os desmascaram.
Penitentes com uma fé profunda, reservam-se ao silêncio e ao anonimato, não procuram fama nem heroísmo, apenas a sua penitência,
muitas vezes lavada em lágrimas e em sangue.

Infelizmente não consegui entrar na casa de nenhum "Empalao". Toda a cerimónia da preparação do "Empalao" é muito íntima.
Contudo, tive a oportunidade de ver e fotografar a cerimónia organizada pela casa da cultura de Valverde para os media.
Pediam carteira de jornalista, não tinha e não tenho. Disse que morava em Portugal a 650km de distância e que tinha ido propositadamente
documentar os "Empalaos de Valverde de la Vera". Consegui entrar, eu e mais dois amigos de Portugal.

É então, a partir da meia-noite de quinta-feira santa seguindo pela madrugada adentro, que qualquer porta, de qualquer casa
de Valverde, pode ser o início de um caminho de penitência. Por onde passa pede-se silêncio, atrás dele a sua família, embrulhada
em cobertores para que o anonimato se mantenha, acompanha-o entoando em silêncio orações. O caminho do "Empalao" é iluminado
por uma outra pessoa da família que transporta uma lamparina. Terminado o percurso que envolve 14 paragens em orações breves em frente
às cruzes espalhadas por Valverde, o "Empalao", retorna a casa. Aí, depois de lhe tirarem as cordas e o pau de arado dos ombros é necessário
alguém da sua família que lhe friccione o corpo com álcool para recupera a circulação do sangue.
O "Empalao" de Valverde de la Vera, pode ser qualquer um.

IN: "Paginas Nelson D'Aires"


REPORTAGEM   FOTOGRÁFICA
13/04/2006


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